Monday, July 12, 2004

El chocolate, símbolo de identidad americana

El jurista y gastrónomo francés Anthelme Brillant-Savarin escribió: “Si un hombre ha bebido con exceso de las fuentes del placer, si le ha robado horas al sueño trabajando demasiado, si su espíritu ya está cansado, si siente el aire húmedo, las horas lentas y la atmósfera demasiado pesada como para aguantarla; si está obsesionado con una idea fija que le quita la libertad de pensar; si es una de estas desgraciadas criaturas, digámosle que se tome una buena taza de chocolate perfumado, y le ocurrirán maravillas”.
Seguramente cuando bebemos chocolate, a nadie se le ocurre pensar que es una bebida prehispánica, se hallaron piezas de alfarería con vestigios de cacao del año 1600 antes de Cristo. Este brebaje fue inventado por mayas y aztecas de Mesoamérica (espacio geográfico – cultural que abarca México, Guatemala, Honduras, El Salvador, occidente de Nicaragua y NO de Costa Rica). En esta región se mejoró el cultivo del cacao y su producción, perfeccionándose esta exquisita bebida: el chocolate.

LOS PRECURSORES. Los primeros pueblos que cultivaron y usaron el cacao fueron los olmecas, y a ellos le siguieron otras culturas, hasta que todos los conocimientos de esta bebida fueron heredados por los mayas en los años 1000 a.C. hasta aproximadamente los 800 d.C.
Vestigios de sus conocimientos están en códices (manuscritos antiguos) referentes del kakaw, pero la mejor evidencia de su uso se encuentra en los labrados de vasos o vasijas del período Clásico, encontradas en tumbas de la clase alta maya.
Este noble fruto permitió al final del período clásico el enriquecimiento de estos pueblos, pues el cacao era considerado una mercancía valiosa generando disputas permanentes por el control de las zonas de comercio y producción.
Los aztecas heredan de los mayas las formas de producir y preparar el chocolate, así como sus ceremonias. Los aztecas constituyen una sociedad estratificada y aristocrática. Beber chocolate se ajustaba a esa segmentación económica y social, por lo cual rara vez era bebida por los plebeyos.
La primera mención de que se hace del cacao en lengua castellana se debe a Bernal Díaz del Castillo (1632) en su libro “Historia Verdadera de la Nueva España”, con la descripción que hace del banquete que el emperador Moctezuma ofrece al Capitán Hernán Cortés: “Traíanle unas copas de oro fino con cierta bebida hecha del mismo cacao, más lo que yo ví, traían cincuenta jarros grandes, hechos de buen cacao, con una espuma y de aquello bebía, y las mujeres le servían al beber con acato.”
Si bien se dice que Cortés estuvo entre los primeros europeos que probaron el chocolate, Cristóbal Colón conoció antes el cacao, aunque no le prestó la debida atención. En su cuarto viaje al Nuevo Mundo, el almirante genovés, en 1502, encontró una gran embarcación comercial que transportaba telas, objetos de cobre y unas semillas que se utilizaban tanto para hacer una bebida, como monedas.
Debido a su valor religioso, los mayas preparaban brebajes de cacao para sacrificios, ritos iniciativos y ceremonias de compromiso y casamiento.
El tchocolath se bebía tanto frío como caliente, aunque siempre constituía una bebida embriagadora, tanto que se le atribuyeron poderes afrodisíacos, creyéndose que daba fuerza, poder y vigor a quien lo bebía.
Como el dólar, la lira y la peseta tienen un valor económico, la sal en otras geografías y culturas; el cacao también sirvió de moneda legal.

EN EL VIEJO MUNDO. Hay documentos que indican que fue un sacerdote quien llevó a Europa las primeras semillas de cacao junto a la receta para hacer chocolate, directamente al monasterio de Zaragoza en España. Y de allí se diseminó a todo el Viejo Mundo convirtiéndose en una exquisitez propia de nobles y reyes.
En 1679, cuando el chocolate llega a Alemania entre en su etapa industrial y en 1819 en Suiza, Luis Callier monta la primera fábrica de chocolate.
Hasta ese momento el chocolate era una deliciosa y embriagadora bebida, es en 1842 cuando John Cadbury fabrica, por primera vez, el chocolate para comer, naciendo el chocolate en tabletas.
En 1875, Henry Nestlé inventa la leche condensada, base para la elaboración del chocolate con leche.
Tan delicioso brebaje pondera un adecuado recipiente. La taza indicada para beber chocolate recibe el nombre de jícara y eran usadas en porcelana, plata e incluso oro.
También al chocolate se le otorgó un carácter curativo a modo de graciosa medicina y un elemento de primera necesidad, convirtiéndose en parte de la ración de emergencia de los soldados durante la Primera y Segunda Guerra Mundial.
Ya en el Viejo Mundo la bebida se adapta al sabor regional muy distinto al de los pueblos americanos. En Europa se sustituyen las fuertes especias por miel, azúcar y leche haciendo el brebaje más dulce a los paladares europeos. La corte española mantuvo la preparación de esta bebida a nivel de secreto de Estado, y sólo los monjes conocían el procedimiento para convertir el fruto del cacao en chocolate.
La popularidad de la bebida en Europa se da a partir de 1657 cuando se abre en Londres The Coffee Mill and Tobacco Roll una tienda que vendía las pastillas para preparar el chocolate. Como consecuencia de su auge, el gobierno británico establece un elevado impuesto, convirtiéndose el chocolate en una bebida destinada solamente a elegidos.
Desde la época precolombina hasta nuestros días, el chocolate se ha masificado, ya no es un deleite de cierta clase alta, sino un gozo de la humanidad.

TODO UN RITUAL. Como antiguamente, hoy, el chocolate tiene su ritual. Se utiliza para su ceremonia, mantel blanco, vajilla acorde y toda clase de exquisiteces dulces, aconsejándose vainillas, churros, medialunas aptas para sopar en esta bebida.
Como queriendo rescatar lo autóctono, este caliente alimento se ha impuesto como corolario de las Fiestas Patrias, propio de mandatarios y de pueblos.
En el ámbito oficial, el Presidente y los Gobernadores lo ofrecen a sus colaboradores, y en las escuelas el momento aúna a docentes, alumnos, padres y amigos. Como si fuera un intento de rescatar nuestras raíces, la de esta tierra gloriosa, rica en tradiciones y tesoros, este ancestral elemento se hace presente en cada fecha conmemorativa para decirnos que todavía hay esperanza de hacer resurgir nuestra identidad como símbolo de resistencia americana.



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