Pachamama-Inti
Por Ing. Agr. Orlando René Rivoir
Ya los Incas veneraban a la Tierra y al Sol, comprendiendo quizá, intuitivamente, que la vida en el planeta Tierra depende de la interacción entre estas dos entidades. Hoy sabemos que el Sol es la fuente primaria de energía, que llega a la Tierra en forma de fotones. De estos fotones, de distinta energía, una parte es captada por la clorofila de las plantas verdes, produciéndose la fotosíntesis. En este proceso la energía de los fotones se acumula en primer lugar como glucosa, un azúcar simple, producto de la reacción entre el anhídrido carbónico del aire, que penetra en las hojas y el agua que proviene del suelo. Posteriormente, con los llamados nutrientes, elementos minerales como el nitrógeno (nitrato), fósforo (fosfato), calcio, magnesio, potasio, etc, que provienen del suelo y penetran en las plantas por las raíces, más otras moléculas orgánicas y energía química, derivada de la transformación de la glucosa en el proceso de la respiración, se sintetizan todas las moléculas orgánicas que integran las plantas. Estas moléculas, entre ellas proteínas, hidratos de carbono, grasas, ceras, aceites esenciales, etc. son el alimento energético y plástico, directo o indirectamente de la inmensa mayoría de los seres vivos del planeta, desde los microorganismo hasta nosotros.
Pequeños organismos como la maravillosa lombriz de tierra e innumerables microorganismos que viven en la tierra, se nutren de la materia orgáncia que proviene de las hojas y otras partes muertas de las especies vegetales que habitan un lugar y de otros detritus orgánicos. Estos organismos, descomponiendo la materia orgánica, utilizan los nutrientes, las moléculas orgánicas y la energía acumulada por la fotosíntesis, para realizar sus procesos metabólicos. A su muerte ponen a disposición de las plantas en forma directamente asimilable todos los nutrientes que tomaron, realizando un verdadero y perfecto reciclaje plástico y energético.
Todos los materiales que definimos como materia orgánica depositados sobre el suelo, además de ser alimento de los organismos del mismo, cumplen otras funciones. Protegen a los suelos de la nefasta erosión hídrica y eólica, incorporados a ellos por los mencionados organismos que lo habilitan se transforman en humus, que se unen a las particulas del suelo para formar agregados, los que determinan la estructura edáfica. Esta estructura permite que el suelo esté bien aireado, tenga una buena retención de aguas y evite la formación de costras superficiales. El humus, materia coloidal, retiene en la superficie de sus micropartículas los nutrientes que intercambiará con los pelos radicales absorbentes, a través de la solución del suelo. Esta función se la define técnicamente como capacidad de intercambio catiónico, función que también tienen las partículas de arcilla, pero en un promedio cincuenta veces menor.
Todas estas funciones nos muestran la gran importancia que tiene la materia orgánica en el suelo, para la vida de nuestro planeta, siendo evidente que si las destruimos mediante la quema o por la remoción exagerada del suelo, privamos a toda esa vida organizada de la energía que no pueden tomar directamente del sol, como las plantas verdes y destruimos un eslabón de esa cadena metabólica que ha creado la naturaleza. Además de perder toda esa energía como calor, producimos una gran cantidad de anhídrido carbónico, no programado por la naturaleza, que irá a aumentar el contenido de la atmósfera provocando el conocido "efecto invernadero".
Cuando decimos la remoción exagerada de suelo, nos referimos a la labranza intensiva, especialmente por el arado de reja y vertedera, que libera grandes cantidades de anhídrido carbónico como desprendimiento físico y por mayor oxidación biológica por oxigenación violenta.
Estas consideraciones nos demuestran que debemos incrementar el contenido de materia orgánica en el suelo. ¿Cómo?.
1) No quemar los rastrojos y si molestan para algún cultivo, transformarlos en compost, conocido también como estiércol artificial, mediante lombrices californianas o simple descomposición en pilas apropiadas.
2) Emplear la labranza mínima, la incorporación muy superficial mediante rastras rotativas, o la siembra directa, como ya se está haciendo en la pampa húmeda en cultivos como soja y maiz.
Esto ya lo decía E.H. Faulkner en 1943: "La verdad es que nadie ha adelantado jamás una razón científica para arar", en su obra "La insensatez del agricultor", pionera, revolucionaria para su época. También Henry Ford, fabricante de automóviles, comprendió este concepto al enunciar: "Cultivar el suelo sin conservar su fertilidad, más que agricultura es minería".
En el noroeste argentino en el mes de agosto, todos los años se rinde culto a la Pachamama, con un acto simbólico mediante el cual el hombre de la región homenajea a la Madre Tierra, entregándole generosamente parte de su alimento. De esta forma se está reconociendo la necesidad de alimentar la tierra que está llena de vida. Este es un acto simbólico que debemos extender a toda la superficie y todos los días del año.
En esa misma época aparece como una burla al homenaje, la proliferación de incendios intencionales de campos, quemando la "ropa protectora", de la Madre Tierra. La razón; adelantar la brotación de los pastos...
También en muchos casos mueren árboles y animales que forman parte del ecosistema. Podríamos analizar esta actitud a la luz de lo comentado anteriormente.
Moraleja: si amamos a la Pachamama, no la privemos de su alimento porque nos autodestruimos.
Ya los Incas veneraban a la Tierra y al Sol, comprendiendo quizá, intuitivamente, que la vida en el planeta Tierra depende de la interacción entre estas dos entidades. Hoy sabemos que el Sol es la fuente primaria de energía, que llega a la Tierra en forma de fotones. De estos fotones, de distinta energía, una parte es captada por la clorofila de las plantas verdes, produciéndose la fotosíntesis. En este proceso la energía de los fotones se acumula en primer lugar como glucosa, un azúcar simple, producto de la reacción entre el anhídrido carbónico del aire, que penetra en las hojas y el agua que proviene del suelo. Posteriormente, con los llamados nutrientes, elementos minerales como el nitrógeno (nitrato), fósforo (fosfato), calcio, magnesio, potasio, etc, que provienen del suelo y penetran en las plantas por las raíces, más otras moléculas orgánicas y energía química, derivada de la transformación de la glucosa en el proceso de la respiración, se sintetizan todas las moléculas orgánicas que integran las plantas. Estas moléculas, entre ellas proteínas, hidratos de carbono, grasas, ceras, aceites esenciales, etc. son el alimento energético y plástico, directo o indirectamente de la inmensa mayoría de los seres vivos del planeta, desde los microorganismo hasta nosotros.
Pequeños organismos como la maravillosa lombriz de tierra e innumerables microorganismos que viven en la tierra, se nutren de la materia orgáncia que proviene de las hojas y otras partes muertas de las especies vegetales que habitan un lugar y de otros detritus orgánicos. Estos organismos, descomponiendo la materia orgánica, utilizan los nutrientes, las moléculas orgánicas y la energía acumulada por la fotosíntesis, para realizar sus procesos metabólicos. A su muerte ponen a disposición de las plantas en forma directamente asimilable todos los nutrientes que tomaron, realizando un verdadero y perfecto reciclaje plástico y energético.
Todos los materiales que definimos como materia orgánica depositados sobre el suelo, además de ser alimento de los organismos del mismo, cumplen otras funciones. Protegen a los suelos de la nefasta erosión hídrica y eólica, incorporados a ellos por los mencionados organismos que lo habilitan se transforman en humus, que se unen a las particulas del suelo para formar agregados, los que determinan la estructura edáfica. Esta estructura permite que el suelo esté bien aireado, tenga una buena retención de aguas y evite la formación de costras superficiales. El humus, materia coloidal, retiene en la superficie de sus micropartículas los nutrientes que intercambiará con los pelos radicales absorbentes, a través de la solución del suelo. Esta función se la define técnicamente como capacidad de intercambio catiónico, función que también tienen las partículas de arcilla, pero en un promedio cincuenta veces menor.
Todas estas funciones nos muestran la gran importancia que tiene la materia orgánica en el suelo, para la vida de nuestro planeta, siendo evidente que si las destruimos mediante la quema o por la remoción exagerada del suelo, privamos a toda esa vida organizada de la energía que no pueden tomar directamente del sol, como las plantas verdes y destruimos un eslabón de esa cadena metabólica que ha creado la naturaleza. Además de perder toda esa energía como calor, producimos una gran cantidad de anhídrido carbónico, no programado por la naturaleza, que irá a aumentar el contenido de la atmósfera provocando el conocido "efecto invernadero".
Cuando decimos la remoción exagerada de suelo, nos referimos a la labranza intensiva, especialmente por el arado de reja y vertedera, que libera grandes cantidades de anhídrido carbónico como desprendimiento físico y por mayor oxidación biológica por oxigenación violenta.
Estas consideraciones nos demuestran que debemos incrementar el contenido de materia orgánica en el suelo. ¿Cómo?.
1) No quemar los rastrojos y si molestan para algún cultivo, transformarlos en compost, conocido también como estiércol artificial, mediante lombrices californianas o simple descomposición en pilas apropiadas.
2) Emplear la labranza mínima, la incorporación muy superficial mediante rastras rotativas, o la siembra directa, como ya se está haciendo en la pampa húmeda en cultivos como soja y maiz.
Esto ya lo decía E.H. Faulkner en 1943: "La verdad es que nadie ha adelantado jamás una razón científica para arar", en su obra "La insensatez del agricultor", pionera, revolucionaria para su época. También Henry Ford, fabricante de automóviles, comprendió este concepto al enunciar: "Cultivar el suelo sin conservar su fertilidad, más que agricultura es minería".
En el noroeste argentino en el mes de agosto, todos los años se rinde culto a la Pachamama, con un acto simbólico mediante el cual el hombre de la región homenajea a la Madre Tierra, entregándole generosamente parte de su alimento. De esta forma se está reconociendo la necesidad de alimentar la tierra que está llena de vida. Este es un acto simbólico que debemos extender a toda la superficie y todos los días del año.
En esa misma época aparece como una burla al homenaje, la proliferación de incendios intencionales de campos, quemando la "ropa protectora", de la Madre Tierra. La razón; adelantar la brotación de los pastos...
También en muchos casos mueren árboles y animales que forman parte del ecosistema. Podríamos analizar esta actitud a la luz de lo comentado anteriormente.
Moraleja: si amamos a la Pachamama, no la privemos de su alimento porque nos autodestruimos.

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